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Confesor y pedófilo: dos víctimas de un cura abusador se animaron a denunciarlo una década después
Dos jóvenes del colegio de la parroquia San José Obrero de Caseros aseguran haber sido víctimas de pedofilia desde los 10 años. Un informe especial de Nicolás Wiñazki.

TN
10/07/2017

http://tn.com.ar/sociedad/pedofilia-en-la-iglesia_804482

Para la familia Gobbo, profundamente católica, que ese sacerdote joven y carismático que actuaba en su comunidad, en la parroquia San José Obrero, en Caseros, los visitara en su casa durante las vacaciones de invierno era un privilegio. Sus nenas iban al colegio de la iglesia y el cura era simpático y daba misas muy populares. Lejos estaban de imaginarse que la relación con el religioso iba a hundir a una de sus dos hijas en una pesadilla que duraría años.

Desde los 12 años, Mailin tuvo problemas psicológicos. Se aislaba, tenía conflictos con sus compañeras, se deprimía. Tuvo incluso un intento de suicidio. Comenzó una temprana terapia y cambió varias veces de profesional. Tuvo que irse del colegio. "Estaba desconectada de mis sentimientos, de mi cuerpo. Me relacionaba con gente que me lastimaba", dice conmovida ahora que ya es adulta y madre. "La desconexión estaba relacionada con que no quería ver que había sido abusada por un cura que en ese entonces todavía venía a ver a mi familia a mi casa", recuerda.

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El sacerdote se llama Carlos José. Cuando lo veía, Mailin, sentíarepulsión, rechazo. No soportaba que la tocara o la abrazara, pero creía que ella era el problema, que era mala, que no había razón para que se sintiera así. Estaba bloqueada. Se alejó de todas las actividades parroquiales y de su fe, para no tener contacto con él. Pero su familia seguía ignorando todo y relacionándose con él como si nada.

Cuando tenía 21 años, su psicólogo le dijo que se imaginara que bajaba a un sótano. Ella le relató que veía todo oscuro, y el le pidió que dejara de mirar a través de un tubo. Entonces se conectó con un recuerdo. El sótano era el lugar, debajo del altar, donde el cura la llevaba para abusar sexualmente de ella.

La memoria fue resurgiendo, y las sensaciones que no tenían explicación resignificándose. Mailin sentía asco cuando tocaba con sus pies el fondo de una pileta de natación, y pudo acordarse que el primer ataque lo padeció cuando Carlos la tocó debajo del agua, en un tanque, durante un campamento. Tampoco podía sentir cosquillas, producto de la tensión que sufría cuando el la manoseaba. "No estaba bien que me hiciera sentarme en sus rodillas cuando me iba a confesar y me tocara mis partes íntimas", reflexiona ahora. "Nos sacaba de clase y nos llevaba a su cuarto para confesarnos" agrega.

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Admitió lo que había hecho

"Yo pensé durante mucho tiempo que era mentira, y tenía miedo de que pensaran que yo había hecho algo para provocar, que era la culpable. El cura seguía viniendo a mi casa. Hasta que se lo dije a mis padres", explica.

Los Gobbo no dudaron ni siquiera un momento en apoyar a Mailin."Ella estuvo muy mal, tuvo que dejar la facultad y el trabajo porque tenía dos veces por semana asistencia psicológica y una iba a la psiquiatra. Se quiso quitar la vida", dice Mónica, su mamá.

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Fue decidida a la parroquia de La Merced, donde entonces estaba destinado para enfrentar al cura que le había hecho daño a Mailincuando era una nena: "El venía a comer a casa. Charlábamos mucho, y siempre decía que sus hermanos habían hecho sufrir a sus padres. Pero yo le dije que él era el peor de todos ellos, porque era un degenerado. Por un lado lo negaba, pero se tapaba la cara. Admitió lo que le había hecho a mi hija, y dijo que lo sentía y preguntó cómo podria remediarlo".

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Una carta escrita por los padres de Mailin llegó a manos del obispo de San Martín en 2009. Allí relataban lo padecido por la familia y sostenía que se sentían doloridos y defraudados. Pedían que el obispado tomara medidas para proteger a otros chicos, porque Mónica había visto que José estaba de visita en un comedor y tocaba a los nenes.

Lo que más me duele es que todavía no puedo meterme con mi hija en una bañera a jugar. Pero ya no me van a callar, lo hicieron durante muchos años. Mailin.

Monseñor Rodríguez Melgarejo, después de leer la carta, quiso hablar con Mailin. Le aseguró que iba a ser "sanada por la gracia de Dios", y que se había iniciado una causa en la justicia canónica. Intentó tranquilizarla, aunque le dijo que no podía revelarle cuáles habían sido las sanciones porque no eran definitivas.

"Supe que le prohibieron tener una iglesia a cargo, que no podía estar en contacto con chicos ni vivir solo y que tenía que hacer tratamiento psiquiátrico. Pero estuvo en la parroquia de la Merced y otros curas, sus compañeros de cuarto, volvieron a denunciarlo. "Allí había un colegio", acusa Mailin. En Tandil, adonde había viajado luego de que la situación saliera a la luz, también fue denunciado.

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Mailin habló con el vicario Eduardo González. El sacerdote trató de tranquilizarla, le habló de los casos de Julio Grassi y de Héctor Pared, otros curas pedófilos, y le aseguró que la Iglesia se estaba ocupando. Sintió que querían callarla.

Yo pensaba que el abuso no era como la violación, que si yo hablaba nadie iba a poder hacer nada con lo que contaba. Jazmín.

Volvió a desconectarse por un largo tiempo, creyó que el trauma iba a diluirse. Cuando nació su hija, resurgieron los miedos. Sentía que la historia se repetiría, ahora con ella. No soportaba dejarla al cuidado de nadie. Volvió a terapia y decidió hacer la denuncia penal.

"Sentí un alivio enorme",sonríe entre lágrimas. "Me sentía cómplice de que él pudiera seguir lastimando. Porque mi herida está, pero el seguía yendo a dar misa, a velorios, a dar bendiciones, lo estaban mandando a villas, donde hay muchos chicos, y muy vulnerables. Eso me enojó". Mailín niega sentir odio hacia su abusador. No sabe cómo reaccionaríasi lo tuviera enfrente, ni cuál sería la actitud de él. Lo cree tranquilo y protegido.

"Lo que más me duele es que todavía no puedo meterme con mi hija en una bañera a jugar. Pero ya no me van a callar, lo hicieron durante muchos años", repite.

"A mi también me lo hizo"

Cuando se hizo público el abuso denunciado por Mailin, durante una charla, un grupo de sus compañeras comentaba que "era mentira". Sorprendentemente, una de ellas hizo una revelación: "Es verdad. A mi también me pasó". Jazmín Detez, como Mailin, durante largo tiempo,había guardado silencio, y había olvidado la agresión.

El cura le habia enseñado a nadar a los 10 años. En la pileta, frente a todos sus hermanos, la tocaba hasta que le hacía doler. A veces, le ponía su manito debajo de su ropa interior. Cuando Jazmín le preguntó a su hermana si el cura la acariciaba "raro", la respuesta negativa hizo que creyera que era todo producto de su imaginación. "Me abrazaba fuerte delante de las maestras en el recreo, me besaba en el cuello. Y cuando me confesaba me hacía sentar sobre sus piernas y me tocaba las piernas y el cuerpo por encima de la ropa. Yo me ponía dura, quería pararme", rememora.

En la adolescencia se cambió de colegio. Sabe que hubo docentes de la escuela parroquial que le decían al director que no era convenienteque Carlos José estuviera cerca de los alumnos. Atravesó una etapa de rebeldía y de bloqueo.

"Yo pensaba que el abuso no era como la violación, que si yo hablaba nadie iba a poder hacer nada con lo que contaba", argumenta. Jasmín nunca hizo tratamiento y calló, como su compañera. Pero también como ella, cuando tuvo un hijo reunió energías para la denuncia. Sus padres se enteraron de la verdad cuando ya era mayor de edad.

Encontrarse con otra víctima fue un bálsamo para las dos. "Del primer encuentro, me acuerdo de sus ojos. Porque los ojos de las personas abusadas tienen algo especial, no se. Yo me doy cuenta ", asegura Mailín.



 
 


 
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 




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