Por Marcela Arce*
El sacerdote Carlos Alberto Dorado, imputado por abuso sexual agravado, se habría aprovechado de la vulnerabilidad de los adolescentes a quienes acompañaba pastoralmente. Los testimonios de ex integrantes de su grupo misionero desnudan situaciones “sospechosas” y visibilizan una conducta “inadecuada”. El repudio al silencio cómplice de la Iglesia.
“El pueblo de Dios debe ser tu ocupación y tu preocupación. Que en tu calidad pastoral, que busca conocer a las ovejas, nunca te quede ninguna oveja por conocer, que siempre vayas a buscar a aquellas que están lejos y las que son reacias quizás por resentimientos”, le dijo Mons. Adolfo Uriona a Carlos Alberto Dorado, el jueves 12 de marzo de 2009, cuando lo ordenó sacerdotalmente. En una colmada Catedral “Nuestra Señora del Valle”, epicentro de la Diócesis de Añatuya, el novel sacerdote agradeció a todos aquellos que formaron parte de su formación pastoral y dedicó un párrafo especial a “la comunidad…
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