(PERU)
Diario Correo [Lima, Peru}
September 4, 2010
By Yoice Pacori
Confesó el crimen. Carlos Antonio Navarro Fernández (26), el ex trabajador del convento de San Francisco que asesinó a puñaladas al sacerdote puertorriqueño Linán Ruiz Morales y a su asistente Albany Águila, afirmó que perpetró el doble crimen porque necesitaba dinero. Los chips de los teléfonos de las víctimas fueron claves para dar con el homicida.
Navarro fue detenido en la casa de su hermana Magda, ubicada en la cuadra 1 de la avenida Cerro Azul, en Cañete, cuando su cuñado José Sánchez Candela pretendía ayudarlo a fugar rumbo a Chincha.
El grupo especial de la División de Investigación de Homicidios de la Dirincri, que ya tenía cercado el inmueble y contaba con una orden de detención preventiva, lo atrapó y condujo a la capital.
En el trayecto, Navarro aceptó ser autor del doble asesinato que causó gran conmoción en la capital. Indicó que lo había hecho porque su enamorada, que acababa de cumplir 18 años, estaba embarazada, y que tenía dos hermanos con problemas económicos.
Detalló además que había planeado el crimen para apoderarse del dinero de las dos cajas fuertes que el padre Linán guardaba en su habitación y que el monto superaría los S/.20 mil.
HERMANO DE SEMINARISTA. Fuentes policiales informaron que Navarro llegó a trabajar al convento recomendado por su hermano Víctor Navarro Fernández, un estudiante de Teología que hace algunos meses dejó esta vocación para dedicarse a la docencia.
Desde entonces, el hoy homicida comenzó a ganarse la confianza del padre Linán, por lo que incluso tenía una habitación en el monasterio. Fue así que la madrugada del pasado 27 de agosto irrumpió en el cuarto del cura y lo asesinó a puñaladas con un cuchillo de cocina.
Luego, al ser descubierto por el asistente del religioso, también lo atacó a puñaladas en el primer piso del convento.
Huyó con teléfonos de víctimas Tras perpetrar los asesinatos, Carlos Navarro se llevó los teléfonos celulares de sus dos víctimas. Los chips de estos dos aparatos fueron claves, pues la Policía pudo determinar que estaba oculto en Cañete. A este hecho se sumaron las manifestaciones de sus compañeros de trabajo, así como los antecedentes penales del sospechoso.
Éste, en el 2006, asesinó a un grumete del Ejército, por lo que incluso estaba siendo procesado. Fue ante estas evidencias que el juez dictó su orden de captura preventiva.
Cadena perpetua De demostrarse que el asesinato se perpetró para facilitar el robo, el autor podría recibir cadena perpetua, señaló el penalista Mario Amoretti. “Se trataría del delito de robo agravado con subsecuente muerte”, explicó. Sin embargo, el letrado señaló que de establecerse que fue un homicidio calificado (premeditado), la pena sería no menor de 15 años ni mayor de 35. “Si a esto sumamos que se acoge a la confesión sincera, podría salir libre en cinco o seis años”, puntualizó.
Yoice Pacori ypacori@epensa.com.pe
