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El papa Francisco y los abusos sexuales del clero en Argentina

Jorge Mario Bergoglio fue arzobispo de Buenos Aires desde 1998 hasta 2013 y presidente de la Conferencia Episcopal Argentina del 2005 al 2011. Durante esos años, mientras los funcionarios de la Iglesia en Estados Unidos y Europa empezaban a abordar la catastrófica situación causada por la ola de abusos sexuales contra niños cometidos por el clero –y hasta los papas Juan Pablo II y Benedicto se pronunciaban públicamente sobre el asunto– Bergoglio guardó silencio sobre la crisis de abusos en Argentina.

Él no entregó ningún documento, no mencionó los nombres ni la cantidad de sacerdotes imputados, no dio ningún tipo de instrucciones acerca de cómo afrontar el problema del abuso y ni siquiera le pidió perdón a las víctimas.

En sus numerosas homilías y comunicados (conservados en el sitio web del Arzobispado de Buenos Aires) él arremetió contra la corrupción gubernamental, la desigualdad en la distribución de la riqueza y la trata de personas, pero no dijo nada de la violencia sexual cometida por religiosos.

En Sobre el cielo y la tierra, un libro que fue publicado por primera vez en español en 2010 y que consiste en una serie de conversaciones sobre diversos temas con el rabino argentino Abraham Skorka, Bergoglio dio a entender que la crisis de abusos sexuales no existía en su diócesis:

 

“En la diócesis nunca me pasó, pero un obispo me llamó una vez por teléfono para preguntarme qué había que hacer en una situación así y le dije que le quitara las licencias, que no le permitiera ejercer más el sacerdocio, y que iniciara un juicio canónico en el tribunal correspondiente a esa diócesis”.

 

La insinuación de Bergoglio de que no atendió ningún caso relacionado con sacerdotes pedófilos es dudosa. Buenos Aires es la diócesis más grande de Argentina, y Bergoglio fue uno de sus más altos funcionarios entre 1992 y 2013, un espacio de tiempo durante el cual decenas de miles de víctimas por todo el mundo denunciaron los hechos sufridos a la Iglesia.

Basándonos en los datos revelados en las diócesis de Estados Unidos y Europa y haciendo un cálculo conservador estimamos que, en el territorio de la arquidiócesis de Buenos Aires entre 1950 y 2013, más de 100 sacerdotes abusaron sexualmente de niños, y que en doce de esos casos los supervisores arquidiocesanos, incluyendo a Bergoglio, estaban al tanto de lo ocurrido.

BishopAccountability.org presenta este panorama del papel desempeñado por Bergoglio en conexión con la crisis de abusos sexuales en la iglesia argentina con la esperanza de lograr mayor divulgación y comprensión de la actitud que ha tenido el papa Francisco en este asunto tan grave y apremiante. Llamamos la atención a su participación en cinco casos, la respuesta al abuso sexual que han tenido otros obispos argentinos y el papel extraordinario de los informantes. Por último presentamos el banco de datos que detalla los casos de sacerdotes argentinos denunciados por abuso de menores o por abuso de adultos vulnerables. Este es nuestro primer banco de datos fuera de Estados Unidos. Por tanto, marca el comienzo de nuestra extensión global. Con el transcurso del tiempo pondremos al alcance del público otros bancos de datos referidos a religiosos denunciados e imputados en todo país que tenga una población católica importante (ver también el banco de datos en inglés).



Interrogantes acerca del papel desempeñado por Bergoglio en cinco casos de abuso

Los factores que han desencadenado las revelaciones realizadas por obispos y líderes eclesiales en otros países –tales como las acciones civiles por parte de las víctimas, las investigaciones contra la Iglesia realizadas por los fiscales y las indagaciones gubernamentales– no han sido muy frecuentes en Argentina, y mucho menos en su capital, Buenos Aires, que comprende el territorio de la arquidiócesis de esa ciudad. Por este motivo no ha habido prácticamente ninguna información acerca de la manera en que el cardenal Bergoglio se ocupó de los casos de sacerdotes denunciados por abuso sexual. Solo uno de los sacerdotes del Arzobispado de Buenos Aires – Carlos María Gauna – ha sido acusado públicamente de abuso sexual.

En cambio, concerniente a los casos de alto perfil de cuatro clérigos ya condenados –Grassi, Pardo, Picciochi y Sasso– que pertenecían a órdenes religiosas u otras diócesis, hay pruebas de que Bergoglio, a sabiendas o sin querer, retrasó a las víctimas en su esfuerzo por investigar y enjuiciar a sus agresores. Las víctimas de esos cuatro pedófilos han afirmado que le pidieron ayuda a Bergoglio sin obtener respuesta alguna. Tampoco la obtuvo la gente pobre que lucha por sobrevivir en la periferia de la sociedad, que son las personas por cuyos derechos Bergoglio ha abogado (según declaró su anterior portavoz, Bergoglio rehusó reunirse con las víctimas).

Padre Julio César Grassi – Grassi fue condenado en 2009 por abusar sexualmente de un niño que vivía en el hogar que Grassi había fundado, dedicado a rehabilitar a niños de la calle. Bergoglio encomendó un estudio secreto cuyo objeto fue convencer a los magistrados de la Suprema Corte bonaerense de la inocencia de Grassi. Se cree que el encargo de Bergoglio es una de las razones por las que Grassi permaneció en libertad durante más de cuatro años después de ser condenado. Finalmente fue enviado a la cárcel en septiembre de 2013. Ver nuestra cronología del ‘caso Grassi’ con enlaces a artículos.

Padre Rubén Pardo – En 2003 se supo que un sacerdote con SIDA –que ya había confesado a un obispo haber abusado sexualmente de un niño– se escondía de la policía en un hogar que pertenecía a la Vicaría del Arzobispado de Buenos Aires, cuyo titular era Bergoglio. Según consta, Pardo daba clases y confesaba en un colegio que quedaba cerca del hogar. Uno de los obispos auxiliares de Bergoglio, con quien se reunía cada 15 días, residía en ese hogar al mismo tiempo que Pardo. Normalmente, el arzobispo tiene que conceder permiso a todo sacerdote para que pueda residir y ejercer sus funciones en la diócesis. Por eso, es poco probable que Pardo residiera y ejerciera en Buenos Aires sin la aprobación de Bergoglio. Ver nuestra cronología del ‘caso Pardo’.

Hermano Fernando Enrique Picciochi, S.M. – Al descubrir que el hombre que abusó sexualmente de él se había ido de Argentina rumbo a Estados Unidos, huyendo así de las autoridades policiales, la víctima quiso pedirle ayuda a Bergoglio para librarse del acuerdo de silencio que le había impuesto la Iglesia. Comunicó ese pedido en reuniones con el secretario personal de Bergoglio y con el entonces obispo auxiliar, Mario Poli, quien es el actual arzobispo. No le prestaron ayuda. Ver nuestra cronología del ‘caso Picciochi’.

Padre Mario Napoleón Sasso – En 2001, tras ser diagnosticado como pedófilo en un centro terapéutico de la Iglesia, Sasso fue nombrado párroco de una parroquia de bajos recursos que tenía un comedor para niños indigentes de la comunidad de la diócesis de Zárate-Campana. En 2002 y 2003, Sasso violó al menos a cinco niñas en su habitación, situada al lado del comedor. En 2006, cuando Sasso estaba preso, aunque aún no había sido condenado, los padres de las niñas intentaron pedirle ayuda a Bergoglio, quien era el presidente de la Conferencia Episcopal Argentina. El comedor quedaba a tan solo 40 kilómetros del Arzobispado de Buenos Aires. Según consta, Bergoglio no quiso recibirlos. Ver nuestra cronología del ‘caso Sasso’.

Padre Carlos María Gauna – Gauna fue un sacerdote del Arzobispado de Buenos Aires bajo la supervisión directa de Bergoglio. En 2001, dos niñas presentaron una denuncia penal, alegando que Gauna las había manoseado. Según consta, Bergoglio iba a investigar el hecho. Gauna actualmente sigue desempeñando labores en el Arzobispado de Buenos Aires. Llama la atención que ocupa los cargos de diácono y capellán de hospital, lo cual da a entender que Bergoglio consideraba que la denuncia presentada contra Gauna era verosímil, pero optó por degradarlo en vez de separarlo del sacerdocio. Ver nuestra cronología del ‘caso Gauna’.

 

La respuesta de otros obispos y líderes eclesiales argentinos a los clérigos imputados

La estrategia de Bergoglio para ocultar la crisis de los abusos sexuales en Buenos Aires – su negativa a escondidas a prestar ayuda a las víctimas, sumada a su falta total de transparencia – sigue siendo la misma táctica que usan muchos de los obispos y superiores eclesiásticos de Argentina.

Desde que su prelado más poderoso fuera elegido papa, la Conferencia Episcopal Argentina no ha emitido ningún comunicado significativo sobre el abuso sexual de niños por parte de clérigos. Tampoco ha publicado el documento que servirá de procedimiento ante los casos de abusos sexuales por parte de clérigos, el cual se suponía que debía haber finalizado y entregado al Vaticano en mayo de 2012. Tales procedimientos han sido publicados en los sitios web de las conferencias episcopales de Brasil, Chile y Colombia, además de los ya existentes protocolos de Estados Unidos, Canadá, Australia y la mayor parte de Europa.

En cambio, los obispos y superiores eclesiásticos argentinos han apoyado públicamente a los agresores sexuales ya condenados y se han negado a hablar con las víctimas. Se han valido de amenazas y acuerdos de silencio para que las víctimas guarden silencio. Han trasladado y dado nuevos cargos a abusadores conocidos. No han notificado a las autoridades civiles de los hechos. Les han permitido a los abusadores escapar a otras diócesis, a otros países y a Roma. Han sostenido en los tribunales que los padres de las víctimas son culpables del abuso sexual cometido por los sacerdotes en perjuicio de sus hijos. Lo más alarmante es que se hayan valido de estas tácticas hasta hace muy poco (ver abajo).

 

La singular importancia de los denunciantes, periodistas y testigos

Si no hubiera sido por la perseverancia de Sebastián Cuattromo de llevar a juicio a su abusador, Fernando Picciochi, este probablemente habría seguido en libertad en Estados Unidos. Gracias al valor de Gabriel Ferrini y de su madre Beatriz Varela descubrimos que el obispo Luis Stöckler había ocultado los delitos del padre Rubén Pardo. El enjuiciamiento del padre Grassi fue el resultado del programa periodístico Telenoche Investiga, puesto al aire en octubre de 2002, y también de las investigaciones de la periodista Miriam Lewin y sus colegas. El arzobispo Storni habría evitado ser enjuiciado de no ser por el libro de la periodista Olga Wornat Nuestra Santa Madre. El padre Napoleón Mario Sasso podría haber continuado violando a niñitas si no hubiera sido por la osadía de tres denunciantes: Lía López, la Sra. Martha Pelloni y el padre Luis Guzmán. Y la investigación realizada por el periodista Daniel Enz, publicada en la revista Análisis, reveló los delitos cometidos por el padre Justo José Ilarraz y la manera en que los encubrieron los arzobispos de Paraná: Karlic, Marlion y Puiggari.

 

Notas:

1. La cantidad de sacerdotes denunciados por abuso sexual en las diócesis católicas donde ha habido revelaciones significativas.
• En la diócesis de Manchester, New Hampshire, EE. UU., que cuenta con menos de la mitad de los sacerdotes de Buenos Aires, la Procuraduría General documentó el supuesto abuso sexual por parte de 98 clérigos católicos de 1950 a 2009.
• En la diócesis de Providence, Rhode Island, EE. UU., que en promedio ha tenido la mitad de los sacerdotes de Buenos Aires, un obispo admitió que alcanzaba a 125 el número de sacerdotes denunciados por abuso sexual.
•En la arquidiócesis de Los Ángeles, California, EE. UU., que tiene 1,5 veces el tamaño de Buenos Aires (en lo que respecta a la cantidad de sacerdotes), 265 clérigos [haga clic en Los Ángeles] han sido acusados públicamente de abuso sexual.

2. La respuesta de los obispos y líderes eclesiales argentinos a los casos de abuso sexual infantil por parte de sacerdotes.
• En septiembre de 2013, Monseñor Marcelo Cuenca Revuelta, arzobispo de Río Negro, declaró públicamente que el padre Julio César Grassi (sacerdote ya condenado cuya culpabilidad había sido confirmada por dos tribunales de apelaciones) era “completamente inocente”. Él también dijo que Grassi había sido incriminado injustamente por personas desconocidas que querían castigar a Grassi e impedir que la Iglesia ayudara a los niños pobres.
• En agosto de 2013, los cargos de abuso deshonesto contra el padre Justo José Ilarraz fueron desestimados. Eso sí, los funcionarios de la Iglesia no niegan que sabían desde el principio de los años 90 que Ilarraz había abusado sexualmente de muchos niños de 12 a 14 años de edad. Ilarraz incluso reconoció la existencia del hecho durante el juicio eclesiástico, realizado a puertas cerradas en 1995. Pero debido a que el arzobispo jefe de Ilarraz, el cardenal Estanislao Esteban Karlic de Paraná obligó a las víctimas a jurar silencio, los delitos no fueron denunciados a la policía hasta 2012, poco después del final del plazo de prescripción para presentar una denuncia penal. Los sucesores de Karlic, los arzobispos Mario Luis Bautista Maulión (2003-2010) y Juan Alberto Puiggari (2010-), también guardaron silencio sobre los delitos de Ilarraz, permitiéndole así seguir ejerciendo el sacerdocio en otra diócesis hasta 2012. En agosto de 2013, el abogado del cardenal Karlic, se alegró de la desestimación de los cargos conta Ilarraz, y defendió al cardenal por haberlo protegido: “Es un delito de acción privada. Los padres tendrían que haber hecho la denuncia”.
• En abril de 2013, los abogados del obispo Luis Stöckler, de la diócesis de Quilmes, alegaron en el tribunal que Beatriz Varela era en parte responsable del abuso cometido por el padre Rubén Pardo en perjuicio de su hijo, debido a que fue ella quien permitió que el joven se quedara a pasar la noche en la residencia de Pardo. El juez falló a favor de la señora Varela y su hijo.
• En 2004, las autoridades civiles estaban por imputarle cargos penales al obispo Rafael Rey de Zárate-Campana, por facilitar el abuso sexual de niñas, algunas de 5 años de edad, por parte del padre Mario Napoleón Sasso. Rey lo designó para ejercer en una parroquia de bajos recursos, donde le encargó un comedor para niños indigentes de la comunidad, a pesar de saber que Sasso había recibido tratamiento por pedofilia en un centro terapéutico de la Iglesia. En 2002 y 2003 Sasso abusó de por lo menos cinco niñas que solían ir al comedor. Los fiscales no enjuiciaron a Sasso, sino a otros dos sacerdotes diocesanos de menor nivel que ayudaron a Sasso a huir de la Justicia.


 

 

 

 


 
 

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